Se llamaba Carol Kaye.
Y muy poca gente la conoce.
¿Por qué?
Porque era bajista.
Es decir, no era guitarra ni mucho menos cantante… Era una humilde bajista.
Y para rematar, no tuvo banda propia ni publicó discos propios.
¿Por qué?
Porque era música de sesión.
Es decir, uno de esos personajes grisáceos que tocan lo que les dicen que tienen que tocar… y que lo hacen como nadie.
Dice la leyenda que Jimmy Page —el mítico guitarra de Led Zeppelin— se encargó de grabar el Black Is Black de Los Bravos cuando aún era músico de sesión…
Pero parece que con Carol Kaye, este mundo da mucho más de sí:
El gran público no la conoce, pero es una auténtica leyenda entre los friquis de la música.
Tiene ya noventa años y en su currículum, unas 10.000 sesiones de grabación que dieron para mucho.
Trabajó con Frank Sinatra, The Doors, Simon & Garfunkel, el psicópata de Phil Spector… y un sinfín de auténticas estrellas.
Y para colmo, participó en sesiones míticas como las de La bamba, de Ritchie Valens, o Good Vibrations, de The Beach Boys.
Pero no te vayas todavía… Cuando oyes ese pam pam — pam pam pam pam pam de Misión imposible, ¿a quien estás escuchando?
¡Efectivamente! A Carol Kalle.
Ya lo ves.
Es prácticamente una desconocida, pero todo el mundo la ha escuchado.
Casi nadie la conoce, pero que levante la mano quien no la haya tarareado alguna vez.
No aparece en los créditos de los discos —eso es verdad—, pero es indiscutible su aportación a la historia del soul, el rocanrol y las bandas sonoras.
Se llamaba Carol Kaye.
Y escogió el camino de la discreción.
Su instrumento solo tenía cuatro cuerdas…
Pero molaba mucho.
Llorch Talavera
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