Que la extrema derecha siempre tiene miedo y solo mira hacia atrás es algo evidente.

Esto que digo no es panfletario ni tendencioso, es simplemente un hecho.

Siempre está mirando hacia fuera y nunca hacia dentro, siempre está diciendo lo que sí y lo que no… Siempre está viviendo la vida de los demás.

Quizá uno de los mayores ejemplos de este extraño síndrome fue la llamada muestra de Arte degenerado (Entartete Kunst) organizada por el gobierno nazi en 1937.

Con esta exposición pretendían ridiculizar todo arte que oliera a modernidad: dadaísmo, cubismo, impresionismo, surrealismo…

Es decir, todo aquello que no mostrara los valores de su querida y vieja Alemania: madres cariñosas, campesinos obedientes y héroes de ojos azules.

Y para lograrlo hicieron lo que tan bien se les daba: propaganda y manipulación.

Colocaron los cuadros torcidos, pintarrajearon las paredes, incluyeron fotografías de pacientes psiquiátricos… En fin, tomaron medidas tan grotescas que ya entonces podían parecer una broma (¿te suena de algo?).

El objetivo estaba claro: mostrar cómo este arte tenía orígenes judíos y representaba la cultura bolchevique (siempre con la misma cantinela…) y, por supuesto, ensalzar los valores de patria, raza y demás sandeces.

Obviamente, la exposición hizo mucho ruido en su momento, pero nada pudo hacer con el legado de esos artistas degenerados.

Kandinsky, Chagall, Paul Klee… ¿Qué se puede decir de ellos ante al acomplejado del bigote y sus secuaces? Poco… o nada.

Como dijo el visionario Adolf Ziegler, presidente de la Cámara de Cultura del III Reich:

«Lo que están viendo son los productos enfermos de la locura, la impertinencia y la falta de talento. Necesitaría varios trenes de carga para limpiar nuestras galerías de esta basura».

Bendita ignorancia… y bendita basura.


Llorch Talavera


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