¿Cómo sería hoy el mundo si un meteorito hubiera arrasado París a comienzos de siglo XX?
Me refiero a un meteorito enorme que asolara la ciudad.
Que destruyera los edificios y aniquilara a su población.
Y me refiero a cómo sería el mundo en cuanto a valores, economía, política…
Sin duda, el mundo sería diferente.
Para bien o para mal, pero sería diferente.
Si el mundo occidental hubiera asistido a la destrucción de su capital —la gran Ciudad de las luces— todo se habría vuelto del revés.
Habrían cambiado los conceptos de la vida, la muerte e incluso del Dios todopoderoso.
Las personas de a pie se habrían replanteado todo, desde el orden establecido hasta su propia existencia.
Y sería interesante saber que habría sido del miedo…
Quizá campara a sus anchas dando lugar a todo tipo de supersticiones.
O quizá fuera expulsado para siempre en un fulgurante carpe diem.
Dicen que el terremoto de Lisboa provocó la expulsión de los jesuitas y el fin de la monarquía en Portugal.
Imagina qué habría provocado a escala mundial un evento como este:
La destrucción de la floreciente París a manos de un meteorito…
¿Habría sido el fin de las iglesias y los estados?
Lo cierto es que algo así podría haber ocurrido perfectamente.
Y me refiero en este caso al Bólido de Tunguska.
Un meteorito que explotó en el aire, a unos 5 kilómetros de la superficie, en la lejana Siberia.
Ocurrió en 1908 y a día de hoy sigue sin estar claro qué pasó exactamente.
Lo que sí es evidente es todo lo que provocó:
La devastación de un área de 2.150 km2.
—la de París es de 105—
La destrucción de 80 millones de árboles.
Y el aniquilamiento de la fauna.
Se quebraron cristales y ventanas a 400 km del impacto.
La explosión se registró en Alemania, Indonesia, Estados Unidos…
Y un inquietante brillo dominó los cielos nocturnos de Asia y Europa durante varias jornadas.
Sin duda, todo habría sido diferente.
Sabiendo lo que pasó en Tunguska, imagina lo que habría supuesto en París.
—o Londres, Viena, Pekín…—
Y sabiendo lo que allí ocurrió, imagina cómo habría reaccionado la humanidad.
Hablamos de un terremoto aéreo de magnitud 5 en la escala Richter.
De 30 megatones —el doble de Hiroshima— llevándose todo por delante.
Y hablamos de un impacto en el subconsciente global que habría dejado una huella imborrable…
Corría el año 1908 y no había escudos de misiles.
Ni Bruce Willis para salvarnos.
Ni WhatsApp para despedirnos.
Corría el año 1908 y el Bólido de Tunguska llegó para dejar con su estela un sinfín de especulaciones.
¿Y si hubiera caído en Berlín?
¿O en Moscú?
¿Y si hubiera ocurrido en Nueva York?
¿Y qué tal Jerusalén?
Las probabilidades son inmensas.
Y sea como sea, todo habría sido diferente.
Llorch Talavera
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